Las firmas de consultoría australianas deben priorizar el cumplimiento de la Ley de Transacciones Electrónicas de 1999 y regulaciones relacionadas, como las de los Principios de Privacidad Australianos. Factores clave incluyen características de seguridad robustas como encriptación y rastros de auditoría, integración fluida con herramientas como Microsoft Office o sistemas CRM, escalabilidad para manejar múltiples contratos, y soporte para residencia de datos local para cumplir con requisitos de soberanía.