Para su validez, la firma electrónica debe identificar con precisión al firmante, demostrar su intención de firmar y garantizar la integridad del acuerdo. La ley australiana no exige tecnologías específicas, pero se recomiendan métodos seguros comunes como certificados digitales o autenticación basada en plataformas. Los acuerdos de asociación también deben cumplir con los principios generales del derecho contractual, como la consideración y la capacidad.